Saving Brains: informando a las políticas para la primera infancia y su ampliación a escala

  • 10 junio 2018
  • 8 minutos de lectura
Foto: Joop Rubens/Kidogo

Saving Brains es una alianza entre distintas instituciones con varios donantes liderada por Grand Challenges Canada que ha otorgado 84 becas a proyectos de innovación realizados en 31 países de renta media y baja entre 2011 y 2017. El objetivo global de Saving Brains es crear métodos escalables y sostenibles para fomentar el desarrollo saludable del cerebro durante los primeros 1000 días de vida. Al aportar asistencia técnica y trabajar el liderazgo, Saving Brains ofrece la oportunidad de probar conceptos, de “ampliar la escala” de las ayudas financieras, de modo que ciertas intervenciones puedan llegar más lejos y ser más sostenibles a largo plazo.

Si bien la estrategia no se diseñó para explorar a fondo todos los pasos, desde la comprobación de la eficacia de la intervención hasta la ejecución de políticas y programas, sí se basó en una teoría de cambio a nivel de portfolio y un marco de seguimiento estructurado que permiten valorar los progresos logrados con este método. Incluso en el caso de fondos “semilla”, se animó a los equipos a tener en cuenta factores relacionados con la ampliación de la escala. De este modo, Saving Brains ofrece una oportunidad única para explorar ciertos aspectos de la ejecución de intervenciones para la primera infancia en distintos entornos con un mayor énfasis en la escalabilidad.

Este programa llega en un momento crucial para el desarrollo de la primera infancia, ya que este tema despierta cada vez más interés en todo el mundo, como demuestran los Objetivos de Desarrollo Sostenible (Naciones Unidas, 2015), la serie “Apoyando el desarrollo de la primera infancia: de la ciencia a la aplicación a gran escala” de The Lancet (Britto y otros, 2017; Daelmans y otros, 2017; Richter y otros, 2017), el informe de Unicef La primera infancia importa para cada niño y el próximo Marco de Cuidado Cariñoso y Sensible para el desarrollo en la primera infancia, liderado por Unicef y la Organización Mundial de la Salud (OMS) con el apoyo de la Alianza para la Salud de la Madre, el Recién Nacido y el Niño y también de la Red de Acción por el Desarrollo de la Primera Infancia (Unicef, 2017; OMS y Unicef, 2018).

Ahora tenemos la oportunidad de transformar toda esa atención internacional en una ejecución a gran escala en varios países. Al analizar las características de las redes de salud públicas globales que influyen en su eficacia frente a desafíos concretos, se ha observado el carácter favorable del contexto político mundial, el aumento de los actores y la creación de indicadores sobre el desarrollo de la primera infancia, aunque también se han detectado importantes retos pendientes, sobre todo en cuanto a marcos y gobernanza (Shiffman y otros, 2016; Shawar y Shiffman, 2017).

Saving Brains, que supone una de las mayores inversiones en intervenciones para la primera infancia en países de renta media y baja (Milner y otros, 2016), ocupa una posición privilegiada a la hora de aportar información sobre los procesos de ampliación de la escala.

Durante 2016 y 2017, la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres realizó una evaluación participativa de procesos y efectos con métodos mixtos de 39 intervenciones incluidas en Saving Brains. El objetivo principal era estudiar la programación, las políticas y las conclusiones obtenidas sobre la ampliación de la escala en distintos contextos (Milner y otros, 2016). Según la terminología del Marco de Cuidado Cariñoso y Sensible de Unicef y la OMS, el 84% de las intervenciones se centraron en cuidados atentos a las necesidades del niño; de ellas, el 63% se ofrecían mediante el sistema de salud, el 25% en centros de aprendizaje temprano y el 12% en las comunidades. De entre todas las intervenciones, el 49% se centraban en la nutrición o la salud, mientras que tan solo el 9% estaban destinadas a seguridad infantil (Milner y otros, 2016). Proponemos tres aspectos en los que Saving Brains da pistas sobre las oportunidades de reforzar la actuación y superar los retos derivados de realizar implementaciones a gran escala.

1 Ampliación de redes y apoyo al liderazgo teniendo en cuenta la escalabilidad

En los países de renta media y baja, Saving Brains invierte en equipos cuyos miembros tienen distintos bagajes profesionales y proceden de diferentes sectores y en propuestas que integran modelos científicos, sociales y empresariales (Saving Brains, 2018). Si bien existen redes de desarrollo de la primera infancia que ya cuentan con financiación de grandes inversores, Saving Brains destaca por ser la única que intenta deliberadamente captar nuevos actores, académicos incluidos, con el fin de estudiar la ejecución y la ampliación de la escala en distintos contextos. Las redes para la primera infancia deben ampliarse para incluir a quienes reciben la información, además de quienes la generan, de modo que la evidencia tenga más impacto en la ejecución.

La información cualitativa obtenida mediante la evaluación del contenido de Saving Brains también ha subrayado la importancia de invertir en fomentar un liderazgo local en favor de la primera infancia. Saving Brains ofreció a los equipos de países de renta media y baja un programa estructurado de creación de liderazgo durante la elaboración de las propuestas y el ciclo de subvenciones. Se incluían seminarios online y talleres, acceso a una amplia variedad de expertos técnicos y, en mayor o menor medida, formación entre compañeros en los encuentros de la comunidad de Saving Brains. En el futuro, para impulsar la ampliación de la escala resultará importante ofrecer más oportunidades de formación entre iguales e invertir más en formar líderes, más allá de las limitaciones temporales de los ciclos de subvenciones.

2 Análisis de desafíos con mayor claridad e impulso de las soluciones

La creación de un marco, es decir, obtener consenso interno sobre la definición del problema y las soluciones, constituye un desafío a la hora de conseguir avances en cuanto a la eficacia de las redes globales para la primera infancia (Shawar y Shiffman, 2017). En este campo siempre han abundado las incoherencias terminológicas, las definiciones variables y unas dicotomías artificiales discutibles (como “salud frente a educación”, “desarrollo frente a discapacidad” o “supervivencia frente a desarrollo infantil”). Una de las principales bazas de Saving Brains, que se refleja en los comentarios cualitativos, fue que ofreció un «lenguaje común» mediante la formación y los requisitos para la redacción de informes. En palabras de uno de los gestores de programas para la primera infancia de una destacada ONG internacional: “Saving Brains ha revolucionado este campo […] nos ha ayudado a hablar el mismo idioma”. Por ejemplo, muchas de las partes interesadas concordaron en la importancia de poner en común la agenda del “capital humano” y las razones para invertir en el desarrollo de la primera infancia con vistas a las actividades de promoción y defensa en distintos sectores dentro de cada contexto nacional (Milner y otros, 2016).

No obstante, seguía habiendo cierta falta de claridad en algunos aspectos, sobre todo por la diferencia de vocabulario entre los investigadores y quienes se encargaban de la ejecución: los primeros suelen hablar de tipos de intervención amplios (como “programas de crianza”) o programas específicos, mientras que los segundos prefieren hablar de componentes concretos de la intervención (Milner y otros, 2016; Britto y otros, 2017). Como ya han sugerido Yousafzai y Aboud (2014), los cambios en el énfasis de las políticas y los programas exigen definir más claramente el “qué” y el “cómo” en la implementación. Los componentes más cruciales de cada intervención se tienen que describir en términos prácticos y con mayor detalle.

Será importante contar con un mayor consenso en las principales definiciones de los desafíos y las soluciones, de modo que queden agrupadas en “paquetes” claros que se puedan adaptar a cada contexto, para garantizar la transparencia en cuanto a qué se pide a quienes crean políticas y programas como principales responsables de la implementación. El informe La primera infancia importa para cada niño (Unicef, 2017) y el próximo Marco de Cuidado Cariñoso y Sensible para el desarrollo en la primera infancia (OMS y Unicef, 2018) constituyen dos oportunidades clave de unificar nuestra voz.

3 Mejora de las mediciones para la obtención de resultados y la rendición de cuentas

Saving Brains ha contribuido a los progresos globales realizados últimamente en materia de medición del desarrollo infantil, al apoyar la creación de medidas a nivel poblacional como los indicadores para el “Desarrollo del lactante y el niño pequeño” de la OMS y el índice de desarrollo infantil temprano según la información aportada por el cuidador (CREDI) (McCoy y otros, 2016). Sin embargo, la medición en entornos diversos sigue planteando grandes dificultades ahora que el énfasis se pone en la ejecución a gran escala. Es preciso explorar, describir y medir el proceso de ejecución (Yousafzai y Aboud, 2014).

Saving Brains desarrolló un marco de seguimiento y evaluación para los beneficiarios de fondos que se estructuraba en torno a una teoría del cambio con factores contextuales, valores de entrada, valores de salida y resultados de la ejecución de intervenciones y requería que los beneficiarios hicieran un seguimiento de los indicadores. Según los comentarios de los equipos, esta tarea resultó importante y llevó a valorar factores (como el contexto en materia de políticas) que no se habrían tenido en cuenta en las primeras fases del diseño de la ejecución. Sin embargo, también se detectaron numerosos problemas, como la diversidad de procesos a la hora de utilizar las herramientas de medición en los distintos contextos, las limitaciones en la variedad de resultados medidos y el énfasis en los resultados a corto plazo a distintos niveles y el hecho de depender en exceso de los comentarios aportados por los padres para medir los resultados (Milner y otros, 2016). El marco permitió detectar pronto signos de efectos potenciales que más tarde podían validarse con fases de apoyo más prolongadas (Radner y otros, 2018).

Las partes interesadas que se englobaban en la evaluación de Saving Brains también destacaron la importancia de comunicar los resultados de desarrollo infantil con precisión pero de modo comprensible para aquellos interesados que no pertenecen al ámbito de la primera infancia. En concreto, se otorgaba importancia a las mediciones intermedias que transmiten los progresos realizados con vistas a la consecución de un impacto, dado el tiempo que se tarda en medir la evolución del desarrollo infantil a largo plazo. Las mediciones tienen que ser tan precisas como factibles a gran escala.

Una alianza en expansión

Desde la evaluación que se ha descrito en este artículo, la alianza Saving Brains ha crecido (Milner y otros, 2016; Saving Brains, 2018) y, gracias a nuevas inversiones, se están diseñando y probando más de 50 intervenciones adicionales. Saving Brains ofrece información útil, pero no hace milagros: para mejorar la ampliación de la escala de las intervenciones en favor de la primera infancia que han logrado resultados en distintos contextos, no basta con implicar a las redes tradicionales, sino que hay que incluir también a la comunidad no especializada que se encarga de las políticas y la programación. Además, es necesario definir momentos de toma de decisiones en el diseño y la ejecución de los programas. Se precisan pruebas que sirvan de orientación en dichos momentos para contestar a las preguntas de los responsables de la ejecución, como marcos, contenido de la intervención, coste y rutinas para medir la cobertura, la calidad y los resultados con el fin de mejorar la rendición de cuentas a la hora de seguir los progresos realizados en cuanto al logro de los objetivos.

Las referencias bibliográficas aparencen en la versión PDF del artículo.

Kate Milner
Pia Britto
Tarun Dua
Joy E. Lawn
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