Devolvamos la ciudad a los niños

  • 5 noviembre 2020
  • 8 minutos de lectura

Lectura rápida

  • Cuando fue elegido alcalde de Tirana en 2015, Erion Veliaj se encontró una ciudad inadecuada para los niños.
  • Con los nuevos parques, los días sin autos y la mejora de las guarderías, Tirana se ha transformado.
  • Se está aprovechando el confinamiento por la Covid-19 para crear más carriles de bicicletas y vías peatonales.
Returning the city to children The Mayor of Tirana, Erion Veliaj, in one of city’s many new playgrounds

Este año se ha celebrado el centenario de Tirana como capital de Albania. La ciudad es conocida por sus colores, contrastes, diversidad e intersecciones culturales, así como por su historia llena de influencias otomanas, italianas y soviéticas. Inmediatamente después de la caída del régimen comunista más duro de Europa del Este, Tirana parecía la capital de Corea del Norte: era una ciudad de 170 000 habitantes y 170 coches, a los cuales solo tenían acceso las élites y los líderes del partido. El resto de la población se desplazaba a pie o en bicicleta, no por decisión personal sino por falta de recursos económicos.

La caída del comunismo tuvo un impacto radical en la vida social y las infraestructuras de la ciudad, lo cual afectó al estilo de vida y la mentalidad de la población. Tirana atravesó un doloroso proceso de transición que fue acompañado de una transformación urbana caótica. De improviso, la gente emigró en masa a la capital desde todos los rincones del país, en busca de oportunidades y un cambio de vida. En 30 años, desde la caída del comunismo, Tirana pasó a contar un millón de habitantes y 170 000 vehículos.

Cuando llegamos al gobierno hace cinco años, nos encontramos una ciudad plagada de coches, tráfico desordenado, contaminación y servicios públicos ocupados ilegalmente. Además, no había espacios donde los niños pudiesen jugar: en 25 años de democracia, la población infantil había quedado completamente al margen en las consideraciones de urbanismo y agenda política. Parecía una locura abogar por la creación de infraestructuras aptas para niños en una ciudad que estaba atravesando una rápida expansión urbana y demográfica y contaba con presupuestos muy ajustados. Para impulsar el avance de esta cuestión tan importante, había que pensar de forma creativa e innovadora.

Dadas las circunstancias, no teníamos muchas opciones. Para empezar a trabajar en las infraestructuras aptas para los niños, adoptamos la “acupuntura urbana”: intervenciones en lugares concretos con las que impulsábamos pequeños cambios que catalizaban efectos enormes en la sociedad. Resultó fundamental el hecho de implicar a la ciudadanía en el proceso de transformación, para combatir así la apatía generalizada por la que se caracterizaba hasta entonces la población de Tirana.

Desde el primer día de mandato, sabíamos que la infraestructura destinada a los niños era mala, pero no conocimos la realidad de la situación hasta que vimos con nuestros ojos el estado de las guarderías de la ciudad. Era terrible. Parecían cárceles: no era de extrañar que hubiera tanta violencia, mala educación y basura en nuestras calles. Constatamos que, sin saberlo, habíamos vivido en una ciudad que no cuidaba ni trataba con amor a los niños.

Desde la adopción de guarderías hasta las jornadas sin coches

Poco después de esta constatación, organizamos una gran campaña de adopción de guarderías. Apelamos a la colaboración de empresas, diseñadores, profesionales, estudiantes y todos aquellos que tuvieran energía y ganas de ayudar. En un tiempo récord, logramos transformar nuestras guarderías en espacios abiertos, coloridos, con decoraciones alegres y todas las instalaciones necesarias. La respuesta fue magnífica, así que decidimos ir más allá y liberar todos los espacios de guarderías y escuelas que se estaban utilizando como aparcamientos.

“Durante la crisis provocada por la pandemia, la gente se ha dado cuenta de que ahora se respira un aire más limpio y de que la ciudad es más tranquila y segura sin coches.”

Teniendo en cuenta que el crecimiento y el desarrollo conductual y cognitivo de los niños están relacionados con lo que ocurre al aire libre, decidimos ocuparnos también de los parques y las zonas verdes, así como de la movilidad para llegar a ellos. Al permitir a los niños vivir la ciudad y crear una conexión con su entorno, favorecíamos su bienestar.

Conseguimos crear un parque infantil de vanguardia en el lago Tirana, tras habernos encontrado inesperadamente con una fuerte resistencia de los ciudadanos (y los políticos) a que construyéramos “dentro” de un parque. El día de la inauguración, parecía una manifestación, pero no de adultos protestando sino de niños jugando. Este éxito nos animó a seguir creando espacios para los niños en numerosos lugares donde antes solo se veían coches. Construimos 60 parques nuevos y hoy prácticamente todos los barrios de la ciudad cuentan con una zona destinada a los más pequeños.

Curiosamente, hoy estos parques no son terreno exclusivo de los niños, sino que también acuden sus padres y los adultos mayores que deciden pasar allí sus ratos de ocio. Los padres ahora están más relajados, pues pueden dejar a sus hijos jugando al aire libre mientras aprovechan para ocuparse de asuntos de trabajo.

Deseosos de ver más cambios de este tipo, ideamos las iniciativas de “días sin autos” y “limpiemos Tirana en un día”. Una vez más, los adultos respondieron con quejas airadas, pero en esta ocasión ya sabíamos qué hacer. Pedimos ayuda a nuestros mejores aliados, los niños, y no nos decepcionaron. Como siempre, participaron con entusiasmo, para disfrutar un día sin coches y ayudar a limpiar la ciudad. Los niños demostraron ser un motor de cambio increíble y se convirtieron en los mejores defensores de la transformación de Tirana en una ciudad apta para la población infantil.

Hoy la capital tiene mucho más que ofrecer a nuestros pequeños. Por ejemplo, hemos peatonalizado por completo la plaza Skanderbeg. Lo que antes era una rotonda de 40 000 m² llena de coches hoy es el parque más grande de la ciudad, donde los niños respiran un aire mucho más limpio y pueden jugar en cualquier momento sin el peligro del tráfico. Además, estamos plantando dos millones de árboles para crear un cinturón verde que, aparte de suponer una mejora estética para la ciudad, será fundamental desde el punto de vista medioambiental.

Un legado importante para esta ciudad resiliente

Hace cuatro años, nos sumamos al Marco de Ciudades Verdes y, en colaboración con el Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo, redactamos un plan de acción para convertir Tirana en una ciudad verde. Según nuestros cálculos, en nuestras calles cada día tenían lugar 800 000 desplazamientos en coche, la mitad de los cuales no superaban los 500 metros de recorrido. Estas sorprendentes cifras alimentaron nuestra determinación por combatir el protagonismo de los coches, organizar más jornadas sin coches y utilizar el espacio público para crear más espacios verdes, miniparques, aceras más anchas y carriles de bicicletas.

Este plan de acción sentó las bases para mejorar la calidad de los entornos en que viven los niños y sus familias, así como su salud y bienestar. Durante la crisis provocada por la pandemia, la gente se ha dado cuenta de que ahora se respira un aire más limpio y de que la ciudad es más tranquila y segura sin coches. Han comprobado que, en una ciudad sin industria pesada, los mayores contaminantes son los coches, auténticos enemigos de adultos y niños por igual. Asimismo, han constatado que, para ir con los niños a un lugar situado a menos de un kilómetro, es posible y mucho más saludable desplazarse a pie o en bicicleta.

La gente ha aprendido otra lección crucial con el coronavirus: lo que hace que una ciudad sea resiliente durante una crisis no es la riqueza ni el poder, sino el conocimiento y la unidad. Con nuestras anteriores inversiones en guarderías, parques, ensanchamiento de aceras y construcción de carriles de bicicletas, la ciudad de Tirana ha emprendido junto con la ciudadanía un viaje extraordinario para transformar no solo las infraestructuras educativas destinadas a los niños sino también la mentalidad de la población. Lo que empezó en forma de intervenciones de “acupuntura” se ha convertido en una hoja de ruta para el futuro de la ciudad. De repente, nuestra misión cambió: ya no se trataba de devolver la ciudad a las personas sino a los niños.

“En 2050, los niños que están naciendo ahora cumplirán 30 años y estarán listos para gestionar nuestras ciudades, así que la resiliencia de Tirana durante los próximos cien años dependerá de cómo los criemos y eduquemos hoy.”

Mientras la pandemia sigue ahí y aún no se ven coches por nuestras calles, estamos haciendo todo lo posible para aprovechar el momento para dar más espacio a las aceras y los carriles de bicicletas. Además, estamos desarrollando nueve zonas policéntricas nuevas para equilibrar la densidad de la ciudad y dotar a cada zona de escuelas, guarderías y zonas verdes nuevas. El objetivo es reunir todos los servicios esenciales en un radio de un kilómetro, una distancia que se puede recorrer a pie. Lo mejor es que todos los proyectos de urbanismo que se han puesto en marcha en Tirana han hecho suyos los conceptos de Urban95 y “de 8 a 80”2 para diseñar infraestructuras desde el punto de vista de un niño.

Las infraestructuras aptas para los niños no servirían de nada si estos no pudieran desplazarse a pie o en bicicleta de forma segura para llegar a sus lugares preferidos. Por eso, estamos trabajando con la Global Designing Cities Initiative de la National Association of City Transportation Officials (NACTO) de EE. UU., mediante el programa Streets for Kids, para diseñar y construir calles a la medida de los niños. En colaboración con la Albanian–American Development Foundation, la pirámide de Tirana (símbolo del comunismo) se está transformando en una “catedral de la educación”. Será una de las últimas ubicaciones del centro de tecnologías creativas TUMO, el cual ofrecerá a los niños más espacio público para socializar y recibir formación de calidad mediante una serie de programas en los que se enseñará, entre otros contenidos, nociones básicas de TI y codificación.

Nuestra misión es dejar a los niños una ciudad en la que disfruten de mejor salud y más energía, para que puedan prosperar y convertirse en adultos capaces de continuar la transformación de Tirana de los próximos cien años. Somos conscientes de que este objetivo no se hará realidad sin la colaboración de los padres. En este mundo tan frenético, es imprescindible que se concentren en sus prioridades, que den con un buen equilibrio en sus responsabilidades y que conozcan las necesidades reales de sus hijos pequeños. También estamos actuando en este sentido. Ya hemos ideado iniciativas alentadoras en las que los padres se convierten en “compañeros de clase” que ayudan a sus pequeños a hacer los deberes. Por otro lado, el municipio está redactando una guía de “buena crianza” para ayudar a los padres jóvenes a educar y criar a sus pequeños de forma responsable.

En 2050, los niños que están naciendo ahora cumplirán 30 años y estarán listos para gestionar nuestras ciudades, así que la resiliencia de Tirana durante los próximos cien años dependerá de cómo los criemos y eduquemos hoy. Al diseñar y construir nuestra ciudad pensando en ellos, estamos bosquejando el proyecto de nuestro futuro. Suelo decir que el proyecto de renovación más importante en una ciudad no es construir una avenida o un gran edificio; eso ya sabemos cómo se hace. Lo más difícil es modificar lo que hay en los 10 cm que separan nuestras orejas: nuestra mentalidad. El futuro pertenece a los niños.

Se pueden consultar referencias en la versión en PDF del artículo.

Erion Veliaj Alcalde, Tirana, Albania
Temas Ciudades Juego Liderazgo Niños Políticas

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