Aire puro, niños sanos y trabajo digno

  • 18 junio 2019
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  • La mala calidad del aire afecta al desarrollo infantil y a su capacidad de contribuir notablemente a la sociedad.
  • Los gobiernos deberían combatir la polución del aire para mejorar la salud, el potencial y el bienestar de los niños.
  • La Asamblea General de la ONU apoya, entre otros, la reforestación y el uso de energías limpias y asequibles.
Foto: Cortesía de la oficina de la Presidenta de la 73.ª sesión de la Asamblea General de las Naciones Unidas

Se ha demostrado que los niños que respiran un aire de mala calidad experimentan un desarrollo psicofísico deficiente, lo cual no solo perjudica su calidad de vida sino también su capacidad de instruirse, conseguir un trabajo digno y hacer una contribución significativa a la sociedad en su conjunto.

En un nuevo informe de la Organización Mundial de la Salud, que se resume en las páginas 149–152 de este número, se exponen los últimos hallazgos relativos a la contaminación del aire y la salud infantil. Pero las dificultades van más allá de los costes y cargas para el sistema sanitario. También hay efectos duraderos que tardan años o incluso décadas en manifestarse. Según un informe reciente de Unicef (2017):

… los estudios han revelado una relación directa entre la exposición al aire contaminado y el desarrollo cognitivo: por ejemplo, se produce un empobrecimiento del cociente intelectual verbal y no verbal, la memoria, la puntuación en los tests y las calificaciones escolares, además de otros problemas de conducta neurológicos.

De hecho, según los autores del informe, en uno de los estudios se ha observado que, para cuando los niños expuestos al aire de mala calidad cumplen 5 años, se registra una caída de cuatro puntos en su cociente intelectual.

Este dato es especialmente preocupante para los países donde resulta difícil lograr un crecimiento económico inclusivo, erradicar la pobreza y cumplir los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas. Cuando los niños sufren deficiencias físicas o psicológicas debido a la mala cali dad del aire, su capacidad de aprender y desarrollarse puede verse gravemente mermada, lo cual limitará su acceso a la enseñanza y, en el futuro, al mercado laboral.

Entre los trabajadores sociales y el personal sanitario, ya nadie duda del carácter crucial de los primeros mil días de vida de los niños, que es el periodo de desarrollo del cerebro más rápido y, según algunos, más importante. Las semillas plantadas durante este periodo, las fases de desarrollo que se alcanzan, determinan en gran medida el futuro y favorecen una mayor madurez en las interacciones humanas, un mejor procesamiento de los recuerdos o un buen control del comportamiento, por ejemplo. Por lo tanto, hay que hacer todo lo posible por garantizar que los niños tengan la oportunidad de desarrollar plenamente su potencial durante este periodo y por evitar o reducir la posibilidad de que sufran problemas como la mala calidad del aire y del agua, entre otros.

Como presidenta de la 73.ª sesión de la Asamblea General de las Naciones Unidas, he destacado la enorme importancia de asuntos como el “ medio ambiente” y el “trabajo digno”. Dado el evidente vínculo que existe entre la situación medioambiental, el acceso a la enseñanza o el trabajo y la calidad del aire, es importante que los países, las comunidades y las empresas privadas tomen medidas para frenar este problema cada vez más grave, sobre todo en lo que se refiere a los niños, que son nuestro recurso más crucial y aquellos para quienes nuestro trabajo es más importante.

Porque los retos por superar son numerosos y diversos: la calidad del aire disminuye debido a factores como el alto nivel de emisiones de los vehículos en ciertos países (a lo que se suma la congestión del tráfico); la ubicación de plantas industriales cerca de viviendas y centros educativos; la carencia de energías limpias asequibles y el consiguiente uso de estufas de carbón y madera, que además suelen ser poco eficientes; y la rápida deforestación. Tras todos estos problemas subyace la alta tasa de urbanización, que si mantiene el rápido ritmo de crecimiento actual hará que de aquí al año 2050 casi el 70% de la población mundial (prevista en más de 9000 millones de personas) viva en ciudades.

Se necesitan cambios estructurales con urgencia. En la planificación urbana y las iniciativas de desarrollo, hay que tener en cuenta las emisiones de carbono y otros contaminantes industriales, así como su proximidad a viviendas y centros educativos. Del mismo modo, hay que seguir trabajando para que se utilicen cada vez menos cocinas y estufas de carbón y madera, que son poco eficientes y muy contaminantes, para ir adoptando energías renovables o sistemas que consuman menos, lo cual no solo permitirá reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, sino también proteger a los niños y a las familias.

Además, los espacios verdes (incluidos los urbanos), al igual que las campañas de reforestación de amplio alcance, son cruciales para contribuir a la conservación de las defensas naturales de nuestro planeta frente a los contaminantes del aire y a que puedan cumplir su función. Por ejemplo, en el marco del proyecto llamado “el tsunami de los mil millones de árboles” que se está llevando a cabo en Pakistán, ya se han plantado mil millones de árboles antes de lo previsto y ahora se aspira a plantar otros 10 000 millones durante los próximos tres años. Esta iniciativa cuenta con el apoyo de casi la totalidad del sistema de las Naciones Unidas y es una muestra de respeto por el papel que desempeñan los bosques en la salud de los ecosistemas, los medios de subsistencia, y las personas y comunidades.

“Enfrentarse a la polución del aire requiere decisiones difíciles porque sus ventajas no son evidentes a corto plazo, sino que se materializan en el futuro.”

Por último, hay que reforzar las ayudas destinadas a los vehículos eléctricos y a la mejora del transporte público. La transición hacia el uso de vehículos más ecológicos ya se observa en hechos concretos: por ejemplo, en Marruecos se ha lanzado una flota de autobuses eléctricos y en Francia se prohibirá la circulación de vehículos diésel a partir de 2040. Sin embargo, se necesitan más medidas para garantizar que en todas partes se respire un aire más puro.

Hay que destacar que las iniciativas de este tipo son positivas para todos. Además de mejorar el bienestar y la salud de las personas y del medio ambiente, con la reforestación también se crean puestos de trabajo y se potencian los medios de subsistencia. Del mismo modo, en el sector de la automoción, el hecho de invertir en vehículos más ecológicos y en un mejor transporte público ayuda a impulsar la innovación. Si los gobiernos quieren contribuir a hacer realidad este cambio, tienen que adoptar medidas normativas que exijan la producción de vehículos menos contaminantes.

Si bien es cierto que el gasto público y la creación de nuevas normativas se suelen recibir con reticencia, resultará más fácil conseguir el apoyo de los ciudadanos si se lanza una campaña pública fuerte que destaque las ventajas evidentes en cuanto a trabajo digno, salud pública y bienestar medioambiental.

Por supuesto, es esencial que todas las partes interesadas (gobiernos, funcionarios del campo de la salud pública y representantes del sector privado) se impliquen al máximo a la hora de abordar los retos existentes. Para ello, tendrán que tomar decisiones que pueden resultar difíciles porque sus ventajas no son evidentes a corto plazo, sino que se materializan en el futuro, como ocurre en lo relativo al bienestar infantil, cuyos efectos positivos se observan a largo plazo. Asimismo, será importante realizar estudios sólidos y análisis de la calidad del aire, como se está haciendo en la India, donde se advierte de la mala calidad del aire cuando se superan ciertos niveles y se están tomando medidas tanto para concienciar a la ciudadanía como para reducir la contaminación.

Al fin y al cabo, gastar en iniciativas para reducir la contaminación del aire y del agua y para controlar otros factores medioambientales que puedan perjudicar la salud, el potencial y el bienestar de los niños es una forma de invertir en la salud, la prosperidad y el futuro de la sociedad en su conjunto.

Las referencias bibliográficas aparencen en la versión PDF del artículo.

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María Fernanda Espinosa Presidenta de la 73.ª sesión de la Asamblea General de las Naciones Unidas, Nueva York, EE. UU.
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