Los beneficios de la educación inclusiva

  • 18 junio 2019
  • 3 minutos de lectura

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  • Más de 32 millones de niños con discapacidad permanecen sin escolarizar.
  • Para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) hay que invertir más en educación inclusiva.
  • Un nuevo informe aboga por “que nadie se quede atrás al comienzo del aprendizaje”.
Abdou Nourou Sawadogo, de 5 años de edad, de Burkina Faso. Foto: Cortesía de Light for the World

Los niños como Abdou Nourou Sawadogo, el pequeño de 5 años que aparece en la foto y que nació con parálisis cerebral en un pueblo de Burkina Faso, no suelen contar con los servicios de desarrollo infantil necesarios para asistir a la escuela, gozar de un desarrollo holístico y explotar todo su potencial. Para los pequeños en situación de riesgo o con discapacidades, la primera infancia es la fase más importante de sus vidas, pero se estima que más de 32 millones de discapacitados en edad escolar no acuden a ningún centro de enseñanza, sobre todo en los países en desarrollo. Así, la discapacidad influye más que el sexo o la ubicación en la probabilidad de acceder a la educación.

En el informe de 2016 #CostingEquity, que contaba con el apoyo de Open Society Foundations, se abogaba por que los gobiernos y los donantes aumentaran con urgencia la inversión en los sistemas de financiación destinados alogar una educación sensible a las discapacidades para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Hay pruebas sólidas de lo que funciona a la hora de educar a los niños con discapacidad, pero de momento no se ha invertido lo suficiente para realizar cambios en el sistema y mejorar la preparación del profesorado. Si la inclusión de los niños discapacitados fuera un aspecto obligatorio a la hora de recibir fondos de donantes, la situación cambiaría de forma significativa (Consorcio Internacional de Discapacidad y Desarrollo y Light for the World, 2016).

De todas formas, se está avanzando. En la Cumbre Global de Discapacidad de 2018, el Banco Mundial se comprometió a hacer que todos los programas educativos fueran inclusivos en materia de discapacidad de aquí a 2025. También acordó liderar una iniciativa en favor de la educación inclusiva, que ofrecerá asistencia técnica a los gobiernos y ayudará a liberar financiación, en colaboración con el Departamento de Desarrollo Internacional del Reino Unido y el Ministerio de Asuntos Exteriores noruego.

A raíz de la campaña #CostingEquity, Light for the World y Open Society Foundations publicarán en julio de 2019 nuevas notas y un informe de defensa destinados a centrar la atención en la equidad de la financiación para la primera infancia. Argumentarán que las intervenciones en favor del desarrollo infantil pueden contribuir a que los niños vulnerables o con discapacidad desarrollen todo su potencial si asisten a clase y mejoran su aprendizaje, lo que podría evitar el derrumbe de las familias y que esos niños acaben en instituciones.

En el informe Leaving No One Behind When Learning Starts (Que nadie se quede atrás al comienzo del aprendizaje) se hará hincapié en lo bajas que son las inversiones actuales en iniciativas de desarrollo infantil inclusivas y equitativas, sobre todo entre los donantes, y en lo mucho que queda por hacer para ampliar la inversión. Los primeros resultados indican que muchos donantes dedican a la primera infancia menos del 1% de sus aportaciones para el desarrollo. Este informe llega en el momento preciso para apoyar el diseño de programas para el desarrollo infantil inclusivos y equitativos: el tema de este año del Foro Político de Alto Nivel de las Naciones Unidas es “Empoderar a las personas, y garantizar la inclusión y la igualdad” y se procederá a revisar a fondo el ODS 4.

Los efectos de no satisfacer las necesidades de los niños con discapacidad son devastadores no solo para decenas de millones de niños y sus familias, sino también para las economías. El Banco Mundial calcula que en Bangladesh se pierden 1200 millones de dólares al año, es decir, el 1,74% del PIB en ingresos, debido a la falta de escolarización y empleo de las personas con discapacidad y sus cuidadores.

Nourou solo aprendió a caminar y a comunicarse cuando, hace dos años, él y su madre empezaron a recibir ayuda para el desarrollo infantil aportada por un rehabilitador de la comunidad. La madre ahora está convencida de que su hijo puede aprender y piensa matricularlo en la escuela primaria local. Si aumenta la inversión en un desarrollo infantil inclusivo mientras se recopilan más datos, muchos más niños de todo el mundo podrían tener esa oportunidad.

Las referencias bibliográficas aparencen en la versión PDF del artículo.

Dragana Sretenov Gestora de equipos sénior en el Programa para la Primera Infancia, Open Society Foundations, Londres, Reino Unido
Nafisa Baboo Directora para la educación inclusiva, Light for the World, Viena, Austria
Temas Educación

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